martes, 4 de mayo de 2010

MOVIMIENTO REAL Y MOVIMIENTO FICTICIO..



El movimiento anarquista
El movimiento anarquista en su estructura está compuesto por pequeños centros de poder que se desarrollan, actúan, juzgan, condenan, absuelven, deciden y se equivocan como todos los centros de poder. La función que desarrollan es semejante a la de sindicatos y partidos al servir de enlace entre las exigencias del capital y las presiones del embate de clase. Su óptica es la de sumar el mayor número posible de personas bajo una sigla o bandera. En este caso, el poder se mide en base al número de militantes, o mejor, el número de grupos federados (que la cosa impresiona más en cuanto no se sabe si un grupo está constituido por 2 o 200 militantes). Muchos compañeros están más atentos a los congresos y a las reuniones que a las propias luchas; más inclinados a redactar artículos filosóficos para las revistas que insisten en publicarles que al compromiso personal; no tan preocupados en atacar al poder como en tratar de molestarlo lo menos posible para seguir disponiendo de pequeñísimos espacios donde luchar o donde ilusionar con su lucha. La verdad es que en Italia el movimiento es, en su mayor parte, un movimiento ficticio. Quitando raros casos, está fuera de las luchas. Luchas que no pocos grupos y federaciones se atribuyen. Algún grupo va más adelante y se complace haciéndonos conocer sus experiencias dentro de algún consejo de fábrica o comité de barrio. Lo que aquí queremos subrayar es que, a menudo, detrás de toda esta tendencia o colectivo se pueden encontrar algunas personalidades más fuertes que otras, que acaban por construir un verdadero y propio centro de poder, administrándolo en perfecta armonía con las reglas universales del poder. No falta, y es evidente de modo particular en el movimiento anarquista italiano la tendencia a sobrevalorar la importancia del movimiento en sentido específico como elemento dinamizador de la revolución libertaria. Es de nuevo la manía del crecimiento cuantitativo, de la fuerza numérica, tanto más fuerte y desconcertante cuanto menos se es, y cuanto más lejos se está de las condiciones que hacen posible el crecimiento mismo. Resumiendo, tenemos pues un movimiento que se coloca como depositario de un patrimonio de ideas, análisis y experiencias bien precisas, pero que no tiene una relación directa con las luchas. Falta su presencia en las masas, que se considera como condición «única» de su mismo llamarse movimiento anarquista. Pero no todos los compañeros que se sitúan dentro de este movimiento comparten las ideas susodichas, no todos se acomodan a la espera de un crecimiento cuantitativo que debe producirse dentro del movimiento, crecimiento determinante para cualquier acción a desarrollar «en las» masas. Algunos ven el problema en sentido opuesto. En general este distinto análisis es realizado por los denominados grupos autónomos, aunque no es para nada homogéneo o universalmente aceptado.

Movimiento ficticio y movimiento real

Consideramos como movimiento anarquista ficticio el conjunto de los compañeros que administran una posición de poder dentro del movimiento, que no hacen un preciso trabajo anarquista contribuyendo al crecimiento de la conciencia revolucionaria en las masas, sino que se limitan a presidir las reuniones y congresos, tratando de dirigir a los compañeros más jóvenes o menos preparados hacia lo que ellos consideran los principios indiscutibles del anarquismo. Quedan los otros compañeros que por debilidad o por aquiescencia acaban por adecuarse a las decisiones que son tomadas siempre por las mismas personas. Esos, aunque comprometidos en las luchas concretas desnaturalizan el significado mismo de la necesidad de la delegación y no se ocupan de prepararse de modo tal que válidamente se contrapongan a la «tiranía» del compañero más competente o de más autoridad. El resto del movimiento comprende dos direcciones bien precisas: los que teorizan la necesidad de la minoría específica, constituyéndose como vanguardia destinada a tutelar los sacros principios del anarquismo (o anarco-leninismo); y los autónomos, que se debaten entre entre el estímulo originario del crecimiento y una nueva visión del movimiento en sentido real En el caso de que estos últimos grupos se autoconsideren los depositarios de la verdad y, como tales, destinados a recoger la herencia de las sacras virtudes anarquistas del pasado, su destino está señalado con anticipación. Muy prestos también ellos encontrarán a su líder (si no lo han encontrado ya) y marcharán en las filas del movimiento ficticio; en el caso de que giren la mirada fuera de la organización, hacia la realidad concreta de las luchas, entonces tal vez sean los compañeros más indicados para darnos un nuevo análisis de la esencia y las posibilidades de un movimiento anarquista real. Pero, en general, el movimiento anarquista no molesta mucho y se le deja dormitar en paz. La ilusión democrática abre espacios de acción imaginaria ante los ojos de muchos compañeros y los induce al error.

El movimiento anarquista real

La parte no desdeñable del movimiento anarquista internacional que está constituida por los grupos autónomos, como habíamos indicado, no tiene un derecho mayor que cualquier otra, a declararse parte -o constituyente- del movimiento anarquista real. También aquí se pueden verificar fenómenos de concentración elitista, de elefantismo obtuso, de atraso en los análisis en en las estrategias de lucha. Al contrario, nos parece que el lugar más seguro para buscar el movimiento anarquista real está fuera de los esquemas y de las iglesias. Se sitúa en las masas que en concreto plasman sus postulados en la confusión y en los cambios de opinión, en los errores y en los titubeos, pero con un notable esfuerzo de autoorganización de la lucha, empleando en ellos una estrategia anarquista de aproximación a la revolución social. Pero esta búsqueda en las masas no se puede hacer de modo ciego. En las masas explotadas la organización de los ataques al poder (patronos, sindicatos, partidos) es un hecho espontáneo, emergente de modo inmediato del proceso de explotación. En estas luchas se dan un mínimo de condiciones para el crecimiento de un movimiento real que no es cuantificable en términos de grupos o federaciones, sino que, indirectamente, resulta medible sobre la base del número de acciones de un cierto tipo que son realizadas sobre la base de la circulación de ciertas ideas, sobre la base de la respuesta que ciertas ideas reciben en determinados ambientes de explotación. En esta perspectiva las tesis anarquistas del pasado no pueden ser aceptadas de forma sagrada, sino que deben ser leídas en clave de actualidad, como modelos de acción y no como estereotipos momificados. Sólo de este modo se podrá tener un movimiento anarquista real que no resulte atrasado frente a los estímulos teóricos procedentes de las situaciones reales impuestas por el movimiento real de los trabajadores. Este, resistiendo a la eliminación física en las cárceles y en los manicomios, rechazando jugar el rol asignado por el poder, desarrolla una organización autónoma que puede también llegar a formas bien precisas de articulación. El movimiento anarquista real no puede ser extraño a esta germinación organizativa espontánea: obligatoriamente debe formar parte de ella tratando de garantizar la esencia libertaria que emerge del movimiento de base: la lucha contra todo tipo de poder. Pero este movimiento anarquista real no debe asumir ninguna forma de prevalencia sobre las organizaciones del movimiento de los trabajadores y no puede ser administradas por especialistas iluminados capaces de mantenerlas en vida en momentos de cansancio. El punto esencial a no olvidar es que estos famosos momentos de reflujo lo son para el movimiento ficticio de los trabajadores, no para el movimiento real, sometido en todo instante a la presión incansable de la explotación y el genocidio.

El movimiento ficticio y el dominio de lo aparente

Nosotros somos partidarios de la organización, pero la organización no puede ser un problema en sí misma, aislada de la lucha; un obstáculo para acceder al combate de clase. El conjunto organizativo despegado de la realidad cae en el dominio de lo aparente y se eleva a la categoría de catedral en el desierto. En su interior se producen todo tipo de disputas entorno a las estrategias y tácticas, que nada tienen que envidiar a las reales; sólo que todo sucede en mundo ficticio. El motivo de esta situación se deberia buscar en la existencia de pequeños centros de poder que empujan a muchos compañeros a rotar en torno a ellos, mientras los pocos que administran estos centros, en base a la ley de cualquier organización de poder, no pueden hacer otra cosa que continuar administrándolos. Nos parece que estos compañeros, aunque de buena fe, son responsables directos de esta situación si continúan sin hacer nada al respecto. Es verdaderamente extraordinario el esmero con el que son embalsamadas ciertas momias por quien debería ser por definición contrario a todo tipo de conservadurismos. En sustancia es la ilusión producida por la apariencia lo que empuja a estos compañeros a comprometerse en algo que no tiene sentido si no es considerado un fin en sí mismo. De ahí las grandes fatigas para mantener en pie organizaciones que sólo tienden a perpetuarse a sí misma esperando que llegue el día glorioso de pasar a la acción. El proyecto revolucionario anarquista parte del contexto específico de la realidad de las luchas. No es un producto de la minoría, no es elaborado por ésta y exportado al movimiento de los trabajadores, que lo adquiere en bloque o a plazos. El proyecto revolucionario no es ni siquiera una realización acabada en todas sus partes. Los anarquistas no deben imponer su conciencia de minoría revolucionaria a la clase trabajadora. Actuar en este sentido significa, involuntariamente, perpetuar la violencia leninista. Al contrario, participando en el proceso de autoorganización de la masa, trabajando dentro, no como teóricos políticos o especialistas militares, sino como masa, se puede evitar el obstáculo insuperable de la minoría separada que intenta «viajar» hacia la totalidad de la masa, pero no sabe decidirse sobre la metodología a emplear. Es necesario partir del nivel real de las luchas, del nivel concreto y material del combate de clase, construyendo pequeños organismos de base, autónomos, capaces de colocarse en el punto de coincidencia entre la visión total de la liberación y la visión estratégica parcial que la colaboración revolucionaria hace indispensable. No se trata pues de propaganda, de «hacerse conocer» por las masas, no se trata de acceder a los grandes medios de comunicación, no se trata de hablar en televisión a millones de espectadores; se trata de realizar en cada hecho de la lucha de masa la conciencia revolucionaria de la minoría, transformando en hecho-concreto la conciencia que en convento minoritario, quedaba en simple abstracción; haciendo que la necesidad del comunismo advertida por las masas se realice, poco a poco, en una concreción cotidiana, en una organización material de la vida.

¿Qué movimiento?

Pero, en definitiva ¿qué cosa debemos entender por movimiento anarquista? Pensamos que debe ser entendido en el sentido más amplio de término, como el conjunto de todas las fuerzas que luchan por la realización de una revolución social libertaria; pero pensamos también que la cristalización oficial de algunos componentes de este movimiento, el ponerse cómodo sobre temáticas escolásticas, el encerrarse en conventos que escupen sentencias de absolución o condena, haya acabado, al día de hoy, por transformar la parte más grande de este movimiento en un pesado e inútil carrozón ideológico. Sin embargo, más allá de la estructura, que está matando todo, hay compañeros, individuos que intentan luchar por su ideal, que ven con claridad como este choque continuo con la estructura acaba por oprimirlo cuando debía exaltarlo y hacerlo realizable. Estos compañeros son los destinatarios privilegiados de nuestro discurso.

La organización

La organización específica de las masas explotadas se da a través de la autoorganización. Esta puede extenderse en el curso del combate y del desarrollo de las contradicciones, pero sin perder su fundamento espontáneo de autorregulación. Esto garantizará la persistencia de una estructura horizontal, única salvaguardia para continuar la lucha. El aislamiento es la causa de la derrota revolucionaria, no sólo sobre el plano militar, sino, más todavía, sobre el político. Ello no es posible cuando el organismo actuante no es producto de un dualismo (organismo de masas-organización específica), sino que es la masa misma la que extiende su actividad estructurándose de modo autónomo. Todo está todavía por hacer en esta dirección. La masa desarrolla e incrementa diariamente su necesidad de comunismo, elabora su propia teoría, determina sus enemigos. No podemos continuar quedándonos en lo cerrado de nuestros grupos, meditando análisis y proponiendo estrategias de acción como producto de un organismo que se considera interlocutor privilegiado de la masa. Debemos poner al revés el razonamiento, dejar de contarnos y comenzar a contar a los explotados y guettizados.

De nuevo sobre el error del crecimiento cuantitativo de la minoría

La vieja ideología cuantitativa se puede transferir bajo la forma de objetivación de la minoría misma. El compromiso por la lucha viene dado por la búsqueda del crecimiento del movimiento específico, de la minoría. No debemos basarnos en las propias perspectivas y en los intereses propios, utilizando las ocasionales instancias del movimiento de los trabajadores como detonador del proceso de desarrollo y de amp!iación, sino, al contrario, el punto de partida debe ser la transformación de la realidad misma, esto es, la transformación de la relación existente entre autoorganización y delegación de las luchas. Por eso, el «terreno» sobre el que comprometerse sólo puede ser el propuesto por los estímulos de la realidad misma, tomando en cuenta, como sabemos, que estos estímulos están divididos entre el empuje hacia la autoorganización de las luchas y el impulso hacia la delegación. Si en un barrio crece el descontento por ciertas carencias del poder que causan disfunciones (aumento de la explotación), esto no significa que el barrio esté dispuesto a autoorganizar la lucha para resolver el problema inicial, hacer disminuir la explotación que lo golpea y pasar a profundizar la lucha por otros objetivos más generales y más específicamente revolucionarios. A menudo, todo lo que está dispuesto a hacer es esperar para ver qué camino es el más eficaz para obtener aquello de lo que carece.. Por este simple motivo, sindicatos y partidos pueden en todo momento obligar al poder a eliminar las contradicciones y, haciéndolo así, a apagar las luchas. Nuestra tarea no puede ser, por tanto, sólo la de llegar antes que ellos, sino la de introducir la lucha en un cuadro más amplio, en un proyecto revolucionario más complejo, que pueda desplazar la relación autoorganización-delegación! del lado de la autoorganización. Y esto no es posible encerrándose en el hecho en cuanto tal, en la acción como fin en sí misma, o peor todavía, en una perspectiva de crecimiento cuantitativo de la minoría. En estos últimos tiempos, la necesidad de comprender bien esta relación se hace más apremiante. Podemos decir que el disenso se ha institucionalizado. La contestación, el formular peticiones no ortodoxas, una cierta animosidad de la base, cosas que hasta ayer causaban un cierto pánico en los sindicatos y en los partidos, hoy pueden ser objeto de debate en las instituciones. Mediante la discusión, la apertura, las asambleas de base, el diálogo, se impone, de forma limpia y sin escorias, lo que quiere el poder. Por tanto, el obietivo de intervención no puede ser establecido a priori, sino que va delimitándose en el curso de la intervención misma y sobre la base de las modificaciones que ello causa sobre la realidad de las luchas. No puede valorarse en base a resultados objetivos inmediatos por alcanzar, porque esta también puede ser tarea de partidos y sindicatos; no puede ni siquiera valorarse en base a una ideología a priori, que acaba por hacerse afirmación maximalista y, muchas veces, inoperante frente a una realidad que se va estructurando sobre una serie de contradicciones. Si, por ejemplo, nos limitásemos a denunciar las condiciones de los encarcelados, seríamos sin duda útiles a los compañeros a los compañeros que sufren la represión; pero limitándo. nos a esto, condenaríamos nuestra intervención a quedar en manos de una minoría externa que se acerca a la realidad y la divisa, se bate por ella y, - al límite, hace algo por cambiarla a mejor. Pero este «cambiar a mejor» es útil también para el poder que, antes o después, debe también decidirse a adoptar sistemas más refinados y socialdemócratas de represión; sistemas igualmente, si no más, eficaces. La acción práctica de la minoría es la realidad de las luchas es, pues, la de impulsar el desarrollo de la autoorganización, rompiendo con el delegacionismo y el dirigismo, aunque esté camuflado de proyecto revolucionario.

La fragmentación de la realidad de las luchas

La existencia misma del poder y de la explotación es el indicio más seguro de la fragmentación de la realidad de las luchas. En caso de que éstas lograsen fundirse en una acción homogénea, es decir, hiciesen prevalecer la tendencia a la autoorganización, el poder sería barrido. Y dado que este último aprecia perfectamente el peligro, se organiza en consecuencia. Sus aliados más eficaces: los partidos y los sindicatos. Esta fragmentación no se traduce en una distinción de niveles según la presencia reformista, tecnocrática o revolucionaria. Es una fragmentación que desciende en vertical, en profundidad. Una realidad de lucha en una fábrica, barrio, guetto, escuela, manicomio, etc. no es nunca calificable como «realidad» reformista, tecnocrática, revolucionaria, etc., siempre tiene un conjunto de problemas y de estímulos que la caracterizan, un conjunto de tendencias y prejuicios, de separación y de empeño, de compromisos y de toma de conciencia. Sólo cerrando los ojos se puede admitir, por definición, que la minoría es monolítica porque ha tomado conciencia, mientras que la realidad es fragmentaria porque ha de ser conquistada por la minoría. En realidad las cosas son muy distintas, el proceso es, para ambos elementos de esta relación, una tendencia y una constante modificación.

Alfredo M. Bonanno

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues he leído este texto y me ha generados algunos pensamiento a la luz de lo que he vivido y he visto, asi que les comento desde ahí. Ya que mi conocimiento del mocimiento actual italiano es muy escaso.
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Sí y no sólo el movimiento anarquista, es casi toda la cultura organizacional: un espectáculo. Casi una enfermedad de representativitis. Aunado a la cantidad de militantes.

Eso de las “personalidades mas fuertes” que acaban haciendo “centros de poder” dentro del movimiento es una teoría por demás vaga. ¿Cómo es esa personalidad fuerte?
Haber… trato de entender eso y creo que se refieren a que los que hablan y escriben y terminan siendo los que “dirigen”. Lo que creo es que los de “personalidad fuerte” no existen. Quien habla y escribe si exite, y depende de qué hable y qué escriba. Y precisamente considero que el anarquismo debe adoptar estrategias para que esto no se reproduzca. Los de “personalidad fuerte” son la raíz ficticia. Para impedir esto es, creo, implementar estrategias rizomaticas, es decir estrategias que promuevan que todos hablen y escriban también o que conozcan lo mismo o mas del que conoce. Creer en principios indiscutibles del anaquismo es una completa contradicción. Y si un gurpo libertario sigue ideas asi pues que jodido. De hecho creo que como stirner no seguir ninguna idea, seguirme a mimismo.

La falta de presencia en las masas como única condición para poder llamarse movimiento libertario. Desconozco el movimiento italiano de a actualidad, pero retomanto eso y pensando en lo que veo hablo y creo que ya se por donde van con eso de presencia en las masa. Por supuesto que creo que debe haber presencia, pero tampoco podernos reducir algo irreductible como lo es la complejidad social y las estrategia tradicionalistas(marxistas)

El poder no esta en la manos de unas personas, el domino si y los medio de producción. El poder es un ejercico intersubjetivo y cotidiano, y no la “ papa caliente” que tenemos que destruir y que dentro de los grupos libertarios también. Las luchas sociales creo son de muchos tipos. Eso de lucha real me parece una jugada tramposa en el discurso. Es muy simplista, y reduccionista. Las luchas deben abrirse a las cuetiones de GENERO, y los estilos de vida y formas de pensar, todo eso es también la masa. El pensamiento patriarcal en gran medida sostiene el pensamiento que resulta en “un anarquista” que quiere ser el papa de un grupo. No creo que estemos separados nadie de la masa. Que pensemos como si fuera es ora cosa.
Creo que el anarquismo institucionalizado y el marxismo deben ser superados, en sus estrategias y métodos de análisis social.
Al final se argumenta que si se hiciera una lucha homogénea el “poder seria barrido”. Esa fantasía es como creer que todos pensaran como anarquista en determinado momento, cosa por demás infantil. Que viva la multiplicidad y diversidad de opinión y de palabra=acción, que fluya la lucha hasta en los rincones mas estrechos. De la trama social.
Animo
pantak

RIZOMA dijo...

Muchos compañeros están más atentos a los congresos y a las reuniones que a las propias luchas… esta critica del compañero Bonano la veo muy acertada y con mucha similitudes al movimiento anarquista de la parte Noroeste del País México(quiero aclarar algo, esto no es ninguna indirecta ni nada que ver con alguna persona de este foro y si les queda el saco pues pónganselo jeje), la veo acertada en cuanto a lo que hemos comentado en referencia a lo del ESPECTACULO, ya que yo conozco a personas que nada mas se la llevan en esos tipos de eventos: pseudos intelectuales o intelectualoides trabajadores o no que nada mas están esperando eventos de ese tipo para empezar, hasta entonces, a expresar la afinidad que se tiene al movimiento anarquista, hablan de anarquía en determinadas circunstancias(la mayoría de esas veces es cuando andan pedos), esto no demuestra solides en el movimiento pues es puro es espectáculo, se prefiere eso que a las propia luchas, dice bonano, eso es en general no nada mas en el movimiento anarquista, en la vida diaria he ahí el problema que yo veo, que las personas no hacemos nuestra vida en anarquía, se sienten anarquistas nada mas cuando otra persona habla al respecto o en estos eventos, pero cuando llegan a las oficinas o al taller o a cualquier lugar de trabajo se quitan esa “camiseta anarquista” y se ponen la “camiseta de explotado”, ahí es donde estoy deacuerdo con Bonano pero queda su discurso como algo ambiguo en cierto sentido, yo lo complementaria diciendo:.. Muchos compañeros están más atentos a los congresos y a las reuniones que a las propias luchas como es la vida diaria, al relacionarte en la escuela, en el trabajo, en la calle, en tu barrio, con tu familia, con tus amigos, en cualquier aspecto de la vida: a cada segundo, cada minuto; todo eso debería de ser la lucha por que todo eso y mas abarca el capitalismo.

Nota:
Cuando dije: “hacer nuesta vida en anarquía” no quice decir con ello que vas a poder eliminar inmediatamente los factores que oprimen al individuo, como la dominacion del Estado, el capital, el patriarcado, etc, como lo intentan hacer erronamente los hippies y los punks, sino que “hacer nuestra anarquia” es ir analizando cada detalle de nuestras vidas para poderlas ir modificando a nuestro favor.

gato botudo

Anónimo dijo...

Creo que esa labor filosofica y teorica debe ser hecha pero de ninguna manera debe suplantar la labor de los elementos anarquicos en la lucha social real, creo que es ahí donde habremos de encontrar esa retroalimentacion que nos va a situar en la realidad de nuestras condiciones. El autor maneja que hay una mania por juntar grandes cantidades de personas a nuestro alrededor como si esto nos diera una indicacion de que tan valida es nuestra lucha, creo que solo desarrollando esas condiciones de las que hablaba antes es como habra de crecer este movimiento en nuestras ciudades, y es que en la medida en que por ejemplo tengamos claro que es lo que se quiere, en la medida que desarrollemos nuestra capacidad de dialogo, y nuestros conocimientos en general habremos de aportar mucho mas a esas luchas y nos habra de dar esa posicion en la que los demas estaran abiertos a escuchar lo que tenemos que proponerles y solo asi este movimiento crecera. La sociedad en general se deja influir por el estatus, por el rol y los papeles tal vez deberiamos jugar con eso y al mismo tiempo ir introduciendo el principio de no delegacion, ese rechazo a la representacion y por sobre todo la construccion de esa autonomia de la que tanto hablamos.
Me parece interesante lo que en repetidas ocasiones nos ha planteado Pantak, en lo de desbloquear en nuestros grupos, y por que no en la vida cotidiana, esas situaciones donde unos cuantos toman la palabra, me parece que aquí el deber de los compañeros no es censurar esas participaciones sino al contrario, aportar al dialogo e ir construyendo posiciones compartidas que puedan enriquecer a los grupos en los que nos desenvolvemos.
Creo que solo asi es posible ir construyendo un proyecto en comun que pueda y deba partir de la realidad de la lucha social, que es muy amplia, pero eso solo se puede dar conociendolas y adentrandose a ellas, es un tanto dificil estoy de acuerdo, mucho mas en aquellos lugares donde nuestros compañeros se encuentran solos, mi propuesta es que nos tomen como respaldo y se inserten en las luchas mas comunes que se desarrollen en sus ciudades, por mi parte estare muy complacido en ayudar y difundir por aca lo que desde alla suceda. Digo no hay grupos en sus ciudades pero estamos los de las otras ciudades, ¿somos parte de lo mismo que no? En ese sentido seamos como un partido, no en la forma en que se le concibe actualmente, sino mas bien como lo concebian los anarcos en el SXIX como los que van juntos en una misma lucha revolucionaria.

Atte el Axolotl

pd. me gustaria ahondar mas en eso de los principios indicutibles... a que te refires?